El momento oportuno para impulsar la era de la energía limpia
Nueva York, 22 de julio de 2025
Excelencias:
Damas y caballeros:
Amigos y amigas que nos acompañan desde distintos lugares del mundo:
Casi todos los titulares nos hablan de un mundo con problemas.
De conflictos y caos climático.
De un número cada vez mayor de personas que sufren.
De crecientes divisiones geopolíticas.
Pero en medio del desconcierto, se está escribiendo un nuevo capítulo;
un capítulo que tendrá profundas consecuencias.
A lo largo de la historia, la energía ha marcado los destinos de la humanidad, que logró dominar el fuego, aprovechar el vapor, dividir el átomo.
Ahora nos encontramos en el umbral de una nueva era:
los combustibles fósiles están llegando al final de su camino;
y el sol alumbra el inicio de una era de energía limpia.
Para comprobarlo, basta seguirle la pista al dinero.
El año pasado se invirtieron 2 billones de dólares en energías limpias, es decir, 800.000 millones más que en combustibles fósiles, lo que supone un aumento de casi el 70 % en diez años.
Y los nuevos datos que hoy publicó la Agencia Internacional de Energías Renovables muestran que la energía solar, que no hace mucho costaba cuatro veces más que los combustibles fósiles, es ahora un 41 % más barata;
la energía eólica marina cuesta un 53 % menos;
y más del 90 % de las nuevas energías renovables del mundo produjeron electricidad por menos de lo que cuesta la nueva alternativa de combustible fósil más barata.
Pero estos cambios no solo afectan a la energía, sino que también abren posibilidades;
posibilidades de arreglar nuestra relación con el clima.
Las emisiones de carbono que ahorran la energía solar y la eólica en todo el mundo ya casi equivalen a lo que produce toda la Unión Europea en un año.
Pero esta transformación tiene que ver fundamentalmente con la seguridad energética y la seguridad de las personas.
Es una cuestión de inteligencia económica;
de empleo decente, de salud pública y de avanzar hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible;
y de suministrar energía limpia y asequible a todas las personas y en todas partes.
Hoy publicamos un informe especial, con el apoyo de organismos de las Naciones Unidas y asociados internacionales como la Agencia Internacional de la Energía, el Fondo Monetario Internacional, la Agencia Internacional de Energías Renovables, la OCDE y el Banco Mundial.
El informe muestra lo lejos que hemos llegado en los diez años transcurridos desde que el Acuerdo de París desencadenó la revolución de la energía limpia y pone de relieve los enormes beneficios —y las acciones necesarias— para acelerar una transición justa a escala mundial.
Las energías renovables ya tienen prácticamente la misma capacidad instalada mundial que los combustibles fósiles.
Y esto no es más que el comienzo.
El año pasado, casi toda la nueva capacidad instalada correspondía a energías renovables;
todos los continentes del planeta agregaron más capacidad de renovables que de combustibles fósiles;
y las renovables generaron casi un tercio de la electricidad mundial.
El futuro de energía limpia ha dejado de ser una promesa y ya es un hecho.
Ni los gobiernos ni las industrias ni los intereses especiales pueden impedirlo.
Esto no quiere decir que los grupos de presión de los combustibles fósiles no vayan a intentarlo, y sabemos de sobra hasta qué extremos están dispuestos a llegar.
Pero estoy más seguro que nunca de que fracasarán, porque ya hemos superado el punto de no retorno.
Esto se debe a tres poderosas razones.
La primera razón es la economía de mercado.
Durante décadas, las emisiones y el crecimiento económico aumentaron a la par, pero ya no es así.
En muchas economías avanzadas, las emisiones han tocado techo, pero el crecimiento continúa.
Solo en 2023, el 10 % del crecimiento del producto interno bruto mundial se debió a los sectores de energía limpia.
En la India, la cifra fue del 5 %; en los Estados Unidos, del 6 %; en China, que es uno de los líderes de la transición energética, del 20 %;
y en la Unión Europea, casi alcanzó el 33 %.
Y los empleos de los sectores de energía limpia superan ya a los de los combustibles fósiles y dan trabajo a casi 35 millones de personas en todo el mundo.
Incluso Texas, que es el centro de la industria estadounidense de los combustibles fósiles, lidera ahora el sector de las renovables en los Estados Unidos.
¿Y por qué? Porque tiene sentido desde el punto de vista económico.
A pesar de ello, los combustibles fósiles siguen teniendo en todo el mundo una ventaja de 9 a 1 en las subvenciones al consumo, lo que claramente distorsiona el mercado.
Si además consideramos el costo no contabilizado de los daños climáticos para las personas y el planeta, la distorsión es aún mayor.
Los países que se aferran a los combustibles fósiles no están protegiendo su economía, sino saboteándola.
Están incrementando los costos.
Están minando la competitividad.
Están protegiendo activos varados.
Y están desperdiciando la mayor oportunidad económica del siglo XXI.
Queridos amigos y amigas:
La segunda razón es que las energías renovables han llegado para quedarse, porque son la base de la seguridad y la soberanía energéticas.
Si algo está claro es que, en estos momentos, la mayor amenaza para la seguridad energética son los combustibles fósiles.
Por su culpa, las economías y las personas sufren los efectos de las bruscas fluctuaciones de los precios, las disrupciones del suministro y las tensiones geopolíticas.
El mejor ejemplo es la invasión rusa de Ucrania, una guerra europea que provocó una crisis energética mundial.
Los precios del petróleo y el gas se dispararon, y lo mismo ocurrió después con el costo de la electricidad y de los alimentos.
De hecho, en 2022, el costo medio de la energía aumentó un 20 % en los hogares de todo el mundo.
Las economías modernas y competitivas necesitan energía estable y asequible, y las renovables lo son,
porque la luz solar no sube bruscamente de precio,
y el viento no está sujeto a embargos.
Las renovables pueden dar energía —en sentido literal y figurado— a las personas y los gobiernos.
Y casi todas las naciones tienen suficiente sol, viento o agua para autoabastecerse de energía.
Las renovables aportan verdadera seguridad energética, verdadera soberanía energética y verdadera libertad frente a la volatilidad de los combustibles fósiles.
Queridos amigos y amigas:
La tercera y última razón de que las renovables no tengan marcha atrás es la facilidad de acceso.
No se puede construir una central de carbón ni un reactor nuclear en el patio de una casa,
pero sí se pueden llevar paneles solares a la aldea más remota del planeta.
La implantación de la energía solar y eólica es mucho más rápida, barata y flexible que la de los combustibles fósiles.
Y, aunque la energía nuclear seguirá formando parte de la matriz energética mundial, nunca servirá para solucionar la falta de acceso.
Todo esto supondrá un antes y un después para los cientos de millones de personas que aún viven sin electricidad, la mayoría en África, un continente cuyo potencial de energías renovables es inmenso.
En 2040, África podría generar, solo con renovables, diez veces más electricidad de la que necesita.
Ya se están utilizando tecnologías renovables en pequeña escala y fuera de la red para alumbrar hogares y suministrar energía a escuelas y empresas.
Y, en lugares como el Pakistán, el poder de la gente está impulsando la energía solar y los consumidores lideran el auge de las energías limpias.
Queridos amigos y amigas:
La transición energética es imparable,
pero tiene que hacerse de forma más rápida y justa.
Los países de la OCDE y China poseen el 80 % de la capacidad de energía renovable instalada en todo el mundo;
el Brasil y la India, casi el 10 %;
mientras que África solo posee el 1,5 %.
Entretanto, la crisis climática está destrozando vidas y medios de subsistencia.
Los desastres climáticos han aniquilado más del 100 % del producto interno bruto de los pequeños Estados insulares;
en los Estados Unidos, están haciendo que se disparen las primas de los seguros;
y el límite de 1,5 grados corre más peligro que nunca.
Para que ese límite no se aleje definitivamente, debemos acelerar lo más posible la reducción de las emisiones y el alcance de la transición hacia energías limpias.
La capacidad de fabricación aumenta a un ritmo vertiginoso, los precios caen en picado y la celebración de la COP30 está cada vez más cerca.
Así que este es el momento oportuno,
y debemos aprovecharlo.
Podemos hacerlo actuando en seis ámbitos que ofrecen oportunidades.
La primera oportunidad es utilizar los nuevos planes climáticos nacionales para entrar de lleno en la transición energética.
Con demasiada frecuencia, los gobiernos transmiten mensajes contradictorios:
un día fijan ambiciosas metas para las energías renovables, pero al siguiente vuelven a subvencionar y ampliar la producción de combustibles fósiles.
Dentro de pocos meses se presentarán los próximos planes climáticos nacionales, también llamados contribuciones determinadas a nivel nacional.
Estos planes deben aportar claridad y certidumbre.
Los países del G20 deben tomar la iniciativa, pues sus miembros producen el 80 % de las emisiones mundiales.
Tiene que aplicarse el principio de las responsabilidades comunes pero diferenciadas, pero todos los países tienen que hacer más.
Antes de la COP30, que se celebrará en el Brasil en noviembre, los países tienen que presentar nuevos planes.
Invito a los dirigentes a que, en un evento al que los convocaré en septiembre, en la semana de alto nivel de la Asamblea General, presenten planes que:
abarquen todas las emisiones y toda la economía;
se ciñan al límite de 1,5 grados;
integren las prioridades relativas a la energía, el clima y el desarrollo sostenible en una visión de futuro coherente;
y cumplan las promesas mundiales, a saber:
que en 2030 se haya duplicado la eficiencia energética y triplicado la capacidad de las renovables;
y que se acelere la transición para abandonar los combustibles fósiles.
Estos planes deben estar respaldados por hojas de ruta a largo plazo para una transición justa hacia sistemas energéticos con cero neto en emisiones, conforme al objetivo de alcanzar el cero neto a nivel mundial para 2050.
También deben apoyarse en políticas que demuestren que un futuro de energía limpia no solo es inevitable, sino que se puede invertir en él;
políticas que establezcan normativas claras y una cartera de proyectos;
que potencien las alianzas público-privadas, generando capital e innovación; que pongan un precio significativo al carbono;
y que terminen con las subvenciones y la financiación pública internacional de los combustibles fósiles, como se prometió.
La segunda oportunidad es construir los sistemas energéticos del siglo XXI.
La tecnología sigue avanzando.
En solo quince años, el costo de los sistemas de almacenamiento de energía en baterías para las redes eléctricas ha bajado más de un 90 %.
Pero hay un problema:
no se está invirtiendo al mismo ritmo en la infraestructura adecuada;
por cada dólar que se invierte en energía renovable, solo se destinan a redes y almacenamiento 60 centavos,
mientras que la proporción tendría que ser uno por uno.
Por otro lado, se genera más energía renovable, pero no se conecta con suficiente rapidez.
La cantidad de energía renovable pendiente de conexión a las redes es tres veces mayor de la que se incorporó el año pasado.
Y los combustibles fósiles siguen dominando la matriz energética mundial.
Tenemos que actuar de inmediato e invertir en el eje central de un futuro de energía limpia;
en redes modernas, flexibles y digitales, que incluyan integración regional;
en una ampliación masiva del almacenamiento de energía;
en redes de recarga, para impulsar la revolución del vehículo eléctrico;
y en eficiencia energética y electrificación de los edificios, el transporte y la industria.
De este modo, las energías renovables cumplirán todo su potencial y construiremos sistemas energéticos limpios, seguros y aptos para el futuro.
La tercera oportunidad es atender la creciente demanda mundial de energía con sostenibilidad.
Cada vez son más las personas que consumen electricidad.
Cada vez son más las ciudades que sufren calor, por lo que se dispara la demanda de refrigeración.
Y cada vez son más las tecnologías, desde la inteligencia artificial hasta las finanzas digitales, que engullen electricidad.
Los gobiernos deben tratar de satisfacer la nueva demanda de electricidad únicamente con energías renovables.
La inteligencia artificial puede impulsar la eficiencia, la innovación y la resiliencia de los sistemas energéticos, pero también consume mucha energía.
El típico centro de datos de inteligencia artificial consume la misma electricidad que 100.000 hogares,
y los centros más grandes pronto llegarán a consumir veinte veces esa cantidad.
En 2030, los centros de datos consumirán tanta electricidad como toda la que utiliza el Japón en la actualidad.
Esta situación no es sostenible, a menos que nos empeñemos en que lo sea,
y el sector tecnológico debe tomar la iniciativa.
Hoy pido a todas las grandes empresas tecnológicas que en 2030 sus centros de datos funcionen con un 100 % de energías renovables.
Y, junto con otras industrias, deben utilizar el agua de manera sostenible en sus sistemas de refrigeración.
El futuro se está construyendo en la nube,
y debe estar impulsado por la energía del sol y el viento y por la promesa de un mundo mejor.
Queridos amigos y amigas:
La cuarta oportunidad es lograr una transición energética justa.
La era de la energía limpia debe ofrecer equidad, dignidad y oportunidades para todas las personas.
Para ello, los gobiernos tienen que liderar una transición justa,
proporcionando apoyo, educación y formación —a los trabajadores del sector de los combustibles fósiles, la juventud, las mujeres, los Pueblos Indígenas y otras personas— a fin de que puedan prosperar en la nueva economía energética;
reforzando la protección social, para no dejar a nadie atrás;
y brindando cooperación internacional para apoyar a los países de ingreso bajo que dependen en gran medida de los combustibles fósiles y tienen dificultades para efectuar la transición.
Pero la justicia no solo es eso.
Los minerales esenciales que impulsan la revolución de la energía limpia suelen encontrarse en países que han sido explotados durante mucho tiempo.
Y ahora estamos viendo que la historia se repite:
se maltrata a las comunidades;
se pisotean los derechos;
se destroza el medio ambiente;
se relega a esos países al último lugar de las cadenas de valor, mientras otros se benefician;
y se emplean modelos extractivos que cavan un pozo de desigualdad y destrucción.
Esta situación debe terminar.
Los países en desarrollo pueden desempeñar un papel importante para diversificar las fuentes de suministro.
El Panel de las Naciones Unidas sobre los Minerales Esenciales para la Transición Energética nos ha indicado el rumbo a seguir, un rumbo basado en los derechos humanos, la justicia y la equidad.
Hoy pido a los gobiernos, las empresas y la sociedad civil que colaboren con nosotros en la aplicación de sus recomendaciones.
Construyamos un futuro que no solo sea verde, sino también justo;
que no solo tenga rapidez, sino también equidad;
que no solo sea transformador, sino también inclusivo.
La quinta oportunidad es utilizar el comercio y la inversión para impulsar la transición energética.
La energía limpia exige algo más que ambiciosas aspiraciones:
requiere acceso a las tecnologías, los materiales y la fabricación.
Pero todo esto se concentra en unos pocos países, mientras que el comercio mundial se está fragmentando.
Las políticas comerciales tienen que respaldar las políticas climáticas.
Los países comprometidos con la nueva era energética deben unirse para garantizar que el comercio y la inversión le den impulso,
creando cadenas de suministro diversas, seguras y resilientes;
recortando los aranceles sobre los productos de energía limpia;
generando inversión y comercio, incluso a través de la cooperación Sur-Sur;
y modernizando los tratados de inversión que están desfasados, empezando por las disposiciones sobre solución de controversias entre inversionistas y Estados.
En la actualidad, los intereses de los combustibles fósiles están utilizando esas disposiciones como arma para retrasar la transición energética, especialmente en los países en desarrollo.
Es urgente hacer reformas, porque en la carrera hacia la innovación no pueden participar solo unos pocos, sino que debe ser una prueba de relevos, compartida, inclusiva y resiliente.
Hagamos del comercio una herramienta de transformación.
La sexta y última oportunidad es aprovechar todo el poder de las finanzas, impulsando las inversiones en mercados que tienen un potencial inmenso.
A pesar de que tienen un gran aumento de la demanda y un enorme potencial en cuanto a las renovables, los países en desarrollo están siendo excluidos de la transición energética.
África alberga el 60 % de los mejores recursos solares del mundo, pero el año pasado solo recibió el 2 % de la inversión mundial en energías limpias.
Si se amplía la perspectiva, el panorama no es menos desolador.
En la última década, solo uno de cada cinco dólares destinados a energías limpias en todo el mundo fue a parar a países emergentes y en desarrollo aparte de China.
Para que el límite de 1,5 grados siga siendo viable y se pueda lograr el acceso universal a la energía, debe multiplicarse por más de cinco la inversión anual en energía limpia en esos países de aquí a 2030.
Para ello se necesitan políticas nacionales audaces y una acción internacional concreta con el fin de:
reformar la arquitectura financiera mundial; aumentar drásticamente la capacidad de préstamo de los bancos multilaterales de desarrollo, haciéndolos más grandes, más ambiciosos y más capaces de movilizar grandes cantidades de financiación privada a un costo razonable;
y tomar medidas efectivas para aliviar la deuda y ampliar el uso de herramientas de probada eficacia, como los canjes de deuda por acción climática.
En estos momentos, los países en desarrollo pagan sumas exorbitantes por la financiación de la deuda y el capital, en parte debido a modelos de riesgo anticuados, visiones sesgadas e hipótesis erróneas que inflan el costo del capital.
Las agencias de calificación crediticia y los inversionistas deben modernizarse.
Necesitamos un nuevo enfoque del riesgo que refleje: la promesa de la energía limpia;
el costo cada vez mayor del caos climático;
y el peligro de los activos varados de combustibles fósiles.
Insto a las partes a que sumen esfuerzos para resolver los complejos problemas que tienen algunos países en desarrollo al hacer la transición energética, como la jubilación anticipada de las centrales de carbón.
Queridos amigos y amigas:
Nos hallamos en el albor de una nueva era energética,
la era de los combustibles fósiles muestra signos de agotamiento y fracaso.
Una era en que la energía barata, limpia y abundante impulsará un mundo rico en oportunidades económicas;
en que las naciones tendrán la seguridad de la autonomía energética;
y en que el don de la energía será un don universal.
Ese mundo está a nuestro alcance, pero no se hará realidad por sí solo.
Al menos, no con la rapidez suficiente,
ni con un grado suficiente de justicia.
Esto sí que depende de nosotros.
Contamos con las herramientas necesarias para impulsar el futuro de la humanidad,
y tenemos que sacarles el máximo partido.
Este es el momento oportuno.
Muchas gracias.