Andrea Piza: ciencia práctica al servicio de los productores acuícolas
MUJERES EN LA INDUSTRIA
En la acuicultura colombiana, la distancia entre el laboratorio y la granja puede ser enorme. Reducirla, es el trabajo de Andrea Piza. Como Coordinadora Técnica Nacional de Fedeacua, lleva casi siete años construyendo puentes entre la ciencia, los productores y las instituciones que definen las reglas del sector.
Para ella, “cada día es diferente, no hay uno igual". Un correo puede traer una convocatoria, otro una resolución, otro una mesa de trabajo.
Buena parte de su labor ocurre incluso antes de que un proyecto tenga nombre. "Una de mis labores ha sido primero generar alianzas para poder desarrollar proyectos de investigación o de extensión", explica. Contacta actores, redacta propuestas y adapta documentos a los requisitos de financiación. Cuando la propuesta prospera, coordina la ejecución y hace seguimiento. Al cierre, el aprendizaje se convierte en artículos y cartillas construidos con equipos multidisciplinarios donde "cada uno tiene su experticia".
Que el conocimiento sirva desde el día siguiente
Entre todos esos frentes, Andrea subraya la extensión acuícola: programas diseñados para atender las necesidades reales de los productores en el territorio. Su medida de éxito es la utilidad inmediata. "Que sea algo realista, tan práctico que ellos al otro día puedan seguir con eso", afirma.
Esa misma lógica la lleva a mesas de política pública y coordinación sectorial, donde procura traducir la realidad del campo al lenguaje institucional. "Cada productor, allá en su granja, no puede hablar acá con el Ministerio", dice. Por eso, parte de su rol es unificar mensajes y proponer soluciones para que las regulaciones sean viables: "que sí las podamos cumplir y no simplemente ponerlas por ponerlas".
Ante ese reto, hay una idea que repite con convicción: mejorar no siempre significa invertir más. "La acuicultura en el país está en un punto en el que hay muchas cosas por mejorar que no necesariamente implican grandes inversiones", asegura. Habla de ajustes de bajo costo y alto impacto: en alimentación, en la medición de la calidad del agua, en el manejo de obra o en las prácticas de beneficio y aprovechamiento. Piensa, sobre todo, en los pequeños productores.
Del laboratorio al campo
Su llegada a la acuicultura nació desde la transformación de alimentos. Como zootecnista con maestría en producción animal, Andrea trabajó en transformación de carnes y en un proyecto de snacks saludables para niños. El giro hacia el pescado llegó cuando en la Universidad Nacional la invitaron a desarrollar productos con una comunidad de mujeres campesinas en Cundinamarca.
Con esa asociación, "de solo mujeres y un hombre", experimentó el valor agregado como herramienta para abrir mercado, y a partir de ahí, entendió mejor las barreras de comercialización y la necesidad de que la investigación aterrice en acciones concretas. "Es muy chévere buscar en el laboratorio, pero acá hay unas necesidades: ¿cómo las podemos aterrizar?", se pregunta.
En el sector ha encontrado mujeres que lideran con autoridad en cargos sanitarios, técnicos y gremiales, de quienes resalta su empoderamiento. "Hágale, que usted puede con todo"., es una frase que, para Andrea, guía al sector.
Ese principio también es uno de los faros de la cultura interna de Fedeacua, donde la equidad se practica en decisiones cotidianas: contratar sin filtros de género, definir salarios por experiencia y cargo, y ajustar la logística cuando alguien tiene responsabilidades de cuidado. "Para mí no hay distinción en las actividades", afirma.
Como aliado del proyecto GMAP Colombia —implementado por la ONUDI con el apoyo del Gobierno de Noruega, MinComercio e iNNpulsa Colombia—, Fedeacua ha dado pasos concretos para fortalecer la igualdad en el sector: creó el programa “Mujer Acuícola: Un camino hacia el Desarrollo Sostenible”, se adhirió a los Principios para el Empoderamiento de las Mujeres (WEPs) y desarrolló capacitaciones en enfoque de género para extensionistas y trabajadores del sector en el Huila.
"Las barreras se las pone uno mismo", dice Andrea, y repite el consejo que ella misma recibió cuando vacilaba: "acepte y empiece a aprender cómo lo va a hacer, con miedo, sin miedo, hágalo". Una lógica que, al final, no es tan distinta a la que guía su trabajo técnico: empezar con lo que hay, ajustar en el camino y mejorar desde adentro.
Sobre la campaña #MujeresEnLaIndustria
Esta historia hace parte de la campaña #MujeresEnLaIndustria, una iniciativa de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI) con motivo del Día Internacional de la Mujer en la Industria, que se celebra por primera vez el 21 de abril de 2026. A través de esta campaña, se busca visibilizar el aporte de las mujeres en los sectores productivos, reconocer su liderazgo y destacar las transformaciones que impulsan hacia una industria más inclusiva, diversa y competitiva. Más información: https://www.unido.org/international-day-women-in-industry