Historia
06 mayo 2026
Abrir rutas, salvar vidas: una historia de seguridad en acción
El equipo humanitario llega donde se necesite, y su compromiso no desfallece hasta que la población empieza a recuperarse de la crisis. Uno de los frentes más inciertos es la seguridad en la zona donde se presta asistencia. Tras una catástrofe, la dinámica de la comunidad y de las instituciones cambia, y allí es donde los profesionales de seguridad facilitan que la ayuda logre su destino.Juan Pablo Sussa, Oficial de Seguridad del Programa Mundial de Alimentos en Colombia, ha dedicado más de una década a operar en contextos complejos, entre ellos los conflictos de Irak y Afganistán. Aunque su trabajo diario suele centrarse en logística y coordinación interagencial, la verdadera dimensión del rol se revela en los momentos más críticos. Como él mismo expresa: “El día a día puede volverse rutinario, pero cuando ocurre una emergencia, todo lo que hemos aprendido se activa de inmediato”. Colombia enfrenta cada vez con más frecuencia el impacto de fenómenos climáticos extremos. Sequías o inundaciones ya no son tan previsibles como antes y la respuesta tiene que ser rápida. En el caso reciente de La Guajira, las lluvias bloquearon las vías terrestres, y la única manera de llevar alimentos a la población era por mar. Juan Pablo se apoyó en las autoridades para movilizar en buque más de 130 toneladas de comida. Esta coordinación requirió supervisión del cargue y acompañamiento en el transporte marítimo, pero sobre todo demandó gestión en las comunidades para no dejar a nadie atrás. “Pasé semanas con la sensación del movimiento del mar todavía en el cuerpo, pero también con la satisfacción enorme de saber que habíamos logrado llevar ayuda donde era vital.”Sin saberlo, esa experiencia lo fortaleció para un reto aún mayor: el huracán Melissa en el caribe. Al llegar a Jamaica, Juan Pablo encontró carreteras bloqueadas y capacidad operativa extremadamente limitada. “Fue como empezar de cero en medio del caos,” recuerda. En cuestión de horas, el equipo tuvo que evaluar rutas de desplazamiento, bodegas para provisiones, alojamientos y procedimientos para restablecer la cadena de suministro humanitario. “Fueron días intensos, exigentes, pero también profundamente inspiradores”.En medio de la emergencia vivió uno de los momentos más significativos de su carrera. La persona encargada de la limpieza en su alojamiento lo miró con curiosidad y le dijo: “Usted estuvo dando comida a víctimas del huracán.” Cuando él respondió que sí, ella le mostró una foto enviada por su hija en la que Juan Pablo le entregaba una caja de alimentos para la familia. Ese instante se convirtió en una revelación personal. “Ahí entendí que nuestro trabajo realmente transforma vidas. Detrás de cada mapa, cada evaluación y cada noche sin dormir, hay una persona que recibe un alivio real en su peor momento. Eso lo vale todo”. Esa reflexión sigue impulsando su compromiso como personal humanitario y en particular como Oficial de Seguridad. “La seguridad abarca más que la integridad de nuestro equipo. Es el servicio a las comunidades vulnerables con responsabilidad y capacidad técnica, buscando ayudar de manera efectiva y confiable. Esa convicción abre caminos en la peor de las adversidades.”